A pocas horas del inicio de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, la vida en gran parte de Rosario transcurría con normalidad, salvo en las inmediaciones y dentro de los escenarios que albergarán la competencia más importante de la región desde este sábado hasta el 26 de septiembre. En esos espacios, decorados con los colores rosado y lila del evento y con imágenes de Capi, la mascota oficial, se percibía una energía especial: atletas en entrenamiento, personal ultimando detalles o montando estructuras, y organizadores supervisando que todo estuviera listo. Así se vivía la cuenta regresiva en diversos puntos de la ciudad, y de igual manera en las otras dos sedes de esta 13ª edición de los Odesur: Santa Fe y Rafaela.

Los preparativos para la ceremonia inaugural transformaron el Parque Nacional a la Bandera, a orillas del río Paraná. Frente al imponente monumento que homenajea al general Manuel Belgrano, se erigió un gran escenario que será protagonista del acto de apertura, acompañado por dos pantallas gigantes. Cuando el reloj instalado en ese sector, que simula una medalla con las banderas argentina y santafesina en su cinta, marcaba un día para el comienzo de los Juegos, un numeroso grupo trabajaba intensamente, finalizando la instalación de cables, luces y pantallas.
El ruido de taladros, martillos y sonido metálico se mezclaba con la música que acompañaba los ensayos del espectáculo artístico, que combinará música, teatro, danza y deporte. En el escenario, se observaban esgrimistas en combate, gimnastas lanzando pelotas y aros al aire, y bailarines ejecutando una coreografía cuidadosamente ensayada.
Todo ello transcurría bajo la atenta mirada del mural de 69 metros con la imagen de Lionel Messi, inaugurado en diciembre de 2022 luego de la consagración argentina en el Mundial de Qatar, ubicado en un edificio cercano. Además, numerosos curiosos se detenían a observar, tomar fotos, grabar videos o simplemente sentarse en la vereda para disfrutar breves momentos de danza y acción.
El Parque Independencia, situado a unas 40 cuadras del Monumento y centro de la mayoría de las disciplinas que se disputarán en Rosario, mostraba un intenso movimiento de trabajadores, deportistas, periodistas y dirigentes. Casi todos los escenarios deportivos estaban listos para la competencia, salvo la Rural Nave A, que aún debía completarse para recibir en la segunda semana las pruebas de lucha libre, lucha grecorromana y taekwondo.
En el Patinódromo Municipal, dos patinadoras argentinas giraban a alta velocidad mientras un hombre despejaba la pista de hojas secas con un soplador. En el Estadio Municipal Jorge Newbery, rodeado de las banderas de los 15 países participantes, la olímpica y la de Odesur, un grupo de trabajadores armaba la estructura de la carrera de obstáculos del pentatlón moderno, que reemplazó a la equitación en esa disciplina.
Muy cerca, el estadio multipropósito Invencible Rosario esperaba vacío, con su piso de parquet impecable, preparado para recibir a los patinadores artísticos que competirán desde el lunes. Se instalaban pantallas y se probaba el sonido mientras tanto.
Por su parte, el Invencible Arena ya estaba ocupado por los gimnastas de la disciplina artística. En un sector, las mujeres del seleccionado argentino practicaban en barras asimétricas, mientras representantes de otro país ensayaban en la viga de equilibrio. En otra zona, los hombres, entre ellos argentinos, realizaban ejercicios en anillas, caballo con arzones, barras paralelas, barra fija y suelo, observados desde la tribuna por jugadores uruguayos de vóley de playa que descansaban tras sus entrenamientos.
Estos jugadores ya habían utilizado anteriormente el estadio al aire libre destinado a la competencia de vóley de playa y ahora daban paso a nuevas duplas, entre ellas las argentinas formadas por Bautista Amieva y Tomás Bueno Torres, y los hermanos Nicolás y Tomás Capogrosso, quienes entrenaban sobre la arena mientras se finalizaba la pintura de las butacas de las tribunas.
El contraste entre las coloridas y modernas gradas metálicas y las antiguas tribunas marrones de cemento del viejo Picadero de la ex Sociedad Rural, donde se instalaron las canchas, era evidente.
Las aguas del Centro Acuático Provincial, construido en el predio del ex Batallón 121 en la zona sur de Rosario, cerca de la Villa Suramericana y la Asociación Rosarina de Fútbol, se encontraban en calma. Varias clavadistas argentinas acababan de finalizar su entrenamiento y en el área de saltos solo permanecía personal de mantenimiento y organización.
En la pileta olímpica de natación, un grupo reducidísimo de argentinos supervisaba que todo estuviera óptimo para las pruebas que comenzarán el domingo. Entre ellos se encontraba Federico Grabich, medallista mundial y campeón panamericano en 2015, y actual miembro de la Comisión de Atletas del Comité Olímpico Argentino (COA). Nacido en Casilda y embajador deportivo de estos Juegos, el ex nadador no dudó en recostarse para ajustar uno de los andariveles que estaba flojo.
Nada debía quedar al azar. Mientras los atletas se concentraban en su preparación, Rosario ultimaba los detalles para el comienzo de la mayor fiesta deportiva sudamericana, que dará inicio este sábado.
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