Robos, tiroteo, tornados y maleficio vudú: el caótico e increíble camino de Inglaterra hasta jugar el partido por el tercer puesto del Mundial 2026

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“Help!”, cantaban los Beatles en 1965, un año antes de que la selección de Inglaterra se consagrara campeona del mundo por primera y única vez. Sesenta y un años después, la delegación británica en el Mundial 2026 podría haber entonado esa súplica en más de una ocasión. A lo largo del torneo, el equipo enfrentó robos, alertas de tornado, tiroteos, un sismo, una insólita fractura y hasta un maleficio vudú.

Robos, tiroteo, tornados y maleficio vudú: el caótico e increíble camino de Inglaterra hasta jugar el partido por el tercer puesto del Mundial 2026

Durante la competencia, el equipo liderado por Harry Kane y Jude Bellingham pareció vivir una comedia de errores digna de Shakespeare. La selección inglesa debió sobrevivir a una cadena de infortunios logísticos, climáticos y de seguridad pocas veces vista en la historia de los Mundiales. Para colmo, su avance se vio frustrado en semifinales tras un intenso clásico ante la selección argentina.

**Inglaterra frente a las fuerzas de la naturaleza**

Antes de que comenzara el certamen, el entorno geográfico estadounidense pareció ensañarse con la delegación inglesa. El 9 de junio, un sismo de magnitud 6.1 sacudió West Palm Beach, ciudad en la que Inglaterra realizaba partidos amistosos previos al debut mundialista. Aunque no hubo heridos ni daños materiales en el campamento británico, cerca del 90% de los jugadores experimentaron por primera vez un movimiento telúrico. Para futbolistas acostumbrados a la llovizna predecible de Gran Bretaña, el temblor fue un claro recordatorio de que ya no estaban en casa.

Cinco días después, Kansas City, sede base del equipo durante el Mundial, emitió una alerta de tornado horas después de la llegada de la delegación. El Servicio Meteorológico local advirtió sobre tormentas eléctricas con vientos de hasta 129 kilómetros por hora, lo que obligó a la delegación a refugiarse de emergencia en los búnkeres del hotel. Fue una noche de insomnio y confinamiento ajena a cualquier manual de preparación mundialista.

**La concentración bajo asedio**

El peligro no solo vino del cielo o del subsuelo: la burbuja de seguridad prometida por la FIFA para los planteles en suelo estadounidense se vio fragilizada en varias ocasiones para los británicos. El 7 de junio se produjo un tiroteo en las inmediaciones del Swope Soccer Village de Kansas City, cuartel general de la concentración inglesa, que dejó nueve personas heridas. Aunque los jugadores no fueron afectados directamente, el episodio marcó un clima de tensión continua en el campamento.

Una semana después, durante el traslado del equipo desde Florida a Kansas City, delincuentes robaron parte del equipamiento de la selección, incluyendo botines de Harry Kane, Jude Bellingham y Anthony Gordon. La policía local detuvo rápidamente a dos sospechosos y recuperó la mayoría del material sustraído.

El incidente más alarmante ocurrió en la previa del partido contra Noruega, cuando un hombre irrumpió armado con una llave inglesa en el centro de prensa del Swope Soccer Village. En ese momento se encontraban miembros de la Federación Inglesa, periodistas y el cuerpo técnico antes de las declaraciones de Thomas Tuchel. El individuo, con un comportamiento alterado, fue reducido y detenido antes de que la situación escalara.

**Lesiones que mermaron al equipo**

Además de los problemas externos, el físico de los jugadores comenzó a resentirse. A pocas horas del debut ante Croacia, Tino Livramento tuvo que abandonar la concentración por una lesión en los isquiotibiales sufrida durante un entrenamiento; fue reemplazado de urgencia por Trevoh Chalobah.

Durante el empate 0-0 contra Ghana, Reece James sufrió una lesión en el tendón de la corva que lo marginó de los partidos ante Congo y México. Sin embargo, su recuperación le permitió reaparecer como suplente en los cuartos de final contra Noruega.

El caso más preocupante fue el de Declan Rice, figura del mediocampo inglés, quien fue aislado por gastroenteritis y un virus no especificado la semana previa a los cuartos de final. Aunque estuvo disminuido, fue titular frente a Noruega, mostrando una versión física limitada.

El episodio más insólito fue el de Jordan Henderson. Tras la victoria 3-2 sobre México en octavos de final en el Estadio Azteca, intentó saltar una valla publicitaria para celebrar con los hinchas, pero calculó mal y cayó, fracturándose el brazo izquierdo, lo que lo dejó fuera del resto del Mundial.

**Brujería y tensiones internas**

Como si fuera poco, Inglaterra también enfrentó un episodio de esoterismo. Antes del partido contra Ghana, el brujo ghanés Nana Kwaku Bonsam anunció haber “embrujado” y “atado” a Harry Kane para impedir que anotara. El partido terminó 0-0 y Kane tuvo una actuación discreta. Tras el encuentro, el brujo publicó que “liberaría” al delantero, quien volvió a marcar en los partidos siguientes.

El capítulo final de la saga se dio puertas adentro. Tras la clasificación a semifinales frente a Noruega, Thomas Tuchel criticó públicamente al equipo por un rendimiento que consideró «descuidado y demasiado confiado». Jude Bellingham respondió con dureza, defendiendo el esfuerzo del plantel y el estilo de juego, evidenciando un cortocircuito interno que reflejó el desgaste sufrido durante la travesía.

No obstante, el golpe más duro no fueron los robos, ni los terremotos, tornados, maleficios o lesiones, sino la eliminación ante Argentina en semifinales. Aunque

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