Furia en General Acha: ganadero protesta con media res al hombro

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Con parte de la media res de una vaca cargada sobre su espalda y aún goteando sangre, el productor ganadero Hernán Carbajales ingresó decidido al edificio de la Municipalidad de General Acha, en La Pampa. Su objetivo era visibilizar, de manera contundente, el calvario que sufren los trabajadores rurales frente al abigeato generalizado.Furia en General Acha: ganadero protesta con media res al hombro

El hecho delictivo ocurrió en el establecimiento “Peñi Hue”, ubicado a solo cinco kilómetros al oeste de la localidad pampeana. Allí, delincuentes armados ingresaron y carnearon clandestinamente a una vaca preñada, próxima a parir. Los ladrones se llevaron únicamente los cortes más caros, dejando el resto del animal abandonado en el barro.

Cansado de la burocracia y de las denuncias que terminan archivadas, Carbajales decidió llevar su reclamo directamente al poder político. Acompañado por su esposa, recorrió los pasillos del palacio municipal con los restos del animal al hombro, ante la mirada atónita de los presentes, exigiendo una audiencia urgente con el intendente local, Abel Sabarots.

“Esto es hambre. ¿Dónde está el hambre?”, exclamó con indignación mientras recorría las oficinas públicas. Su mensaje apuntó directamente contra quienes intentan relativizar o justificar las faenas clandestinas bajo supuestas razones de vulnerabilidad económica. “Qué tanta politiquería barata. Los que pagamos las guías somos nosotros”, añadió visiblemente afectado por la bronca.

Este episodio fue la gota que colmó el vaso tras un fin de semana trágico para la familia de Carbajales. Menos de 24 horas antes, había encontrado muerta en el establecimiento a una yegua criolla pura, también preñada y degollada de la misma manera clandestina. En este caso, los delincuentes solo se llevaron los lomos y el matambre.

El drama económico golpea con fuerza, pero el daño emocional es aún mayor. “Una vaca es producción, aunque duele que la maten de esa manera. Pero el caballo tiene otro vínculo con las personas, con los chicos. El caballo es parte de la familia”, expresó con amargura Carbajales, evidenciando el desamparo que enfrentan quienes viven y producen en el ámbito rural.

Para los productores de la región, el abigeato se ha convertido en una verdadera epidemia naturalizada debido a la falta de acción de las autoridades políticas y judiciales. Muchos ya ni siquiera denuncian los robos en las comisarías, pues sienten que el sistema no ofrece protección ni castigo a los cuatreros.

Pese a la contundencia de su protesta, Carbajales aclaró que no actuó impulsivamente, sino como un trabajador agotado que reclama empatía. Además, separó la responsabilidad de los efectivos policiales de calle con las decisiones políticas de fondo: “Con la Policía Rural solo tengo palabras de agradecimiento porque siempre están al pie del cañón; el problema está en niveles más altos”, concluyó.

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