«Yo la amaba con toda mi alma». Por primera vez en 492 días, Javier Cerfoglio (40) se manifestó públicamente sobre su esposa, Magalí Vera (34), a quien asesinó de manera brutal.

Las 30 patadas que le propinó mientras ella estaba indefensa en una calle de Necochea, captadas por cámaras de seguridad, aún resuenan en el alma de sus padres, Felipe «Tito» Vera (75) y Stella Maris Castro (66).
También permanece vivo el grito desesperado de la víctima —“¡Auxilio, socorro, ayúdenme!”— que un testigo escuchó pero al que no pudo intervenir por el miedo, aunque alertó al 911.
Este lunes, en el inicio de la cuarta y última audiencia del juicio por el femicidio, Cerfoglio se conectó mediante la plataforma Microsoft Teams desde el penal de Batán, en las afueras de Mar del Plata, donde permanece alojado desde principios de diciembre de 2024.
Su rostro no era visible, sumido en la oscuridad, como aquel marinero que aquella noche se transformó en un femicida despiadado. El hecho ocurrió luego de que la pareja discutiera en una fiesta de casamiento, donde Magalí, ex empleada municipal convertida en repostera, había preparado y regalado la torta para los novios.
En la primera audiencia, Cerfoglio se retiró molesto ante los testimonios de los familiares de la víctima, exclamando: “Muchas mentiras hay”, antes de desconectarse. Regresó para la etapa de alegatos, donde los Vera quedaron profundamente afectados.
Gracias a la transmisión por el canal de YouTube de la Suprema Corte bonaerense, se pudo ver con claridad su rostro. El acusado escuchó cómo el fiscal Marcos Bendersky y el abogado querellante Juan Manuel Iovine solicitaron la pena de prisión perpetua por homicidio cuádruplemente calificado: cometido por el cónyuge, con ensañamiento, alevosía y violencia de género (femicidio).
Por su parte, su defensor, Javier Mengoechea, pidió una condena más leve de 20 años, argumentando que se trató de “una tentativa de homicidio agravado con homicidio culposo en concurso real”.
Al cierre de la audiencia, Cerfoglio tuvo oportunidad de expresar sus últimas palabras. Durante un minuto y 45 segundos, pidió disculpas a su familia y a su hijo, hoy de 13 años, sin dirigirse a los hermanos ni a los padres de Magalí, quienes aún se reprochan no haber detectado la peligrosidad del hombre tras 14 años de convivencia.
“No declaré antes porque no me lo permitían… Quiero pedir disculpas, primero y principal a mi hijo Benjamín, por esa madrugada de dolor inmenso que le produje a muchas personas. Quiero dejar en claro que yo la amé, la amaba y la amaré toda mi vida a Magalí, fue la mujer de mi vida, la madre de mi hijo”, afirmó.
Incluyó en sus disculpas a su familia: “Quiero pedirles disculpas a mis padres, mis sobrinos, mis primos, tíos. También quiero decirles que desde el día que sucedió todo esto no dejo de pensar, de soñarla todos los días a ella. Yo la amaba con toda mi alma”.
Finalmente, se presentó como una víctima: “Nunca quise que terminaran así, de esta forma triste, nuestras vidas. Nada más, nada más señora jueza”.
El juicio se lleva adelante en el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 1 de Necochea, bajo la presidencia de la jueza Luciana Irigoyen Testa, junto a los jueces Ernesto Juliano y Diego Mónaco, en el edificio que fue el Hotel Argentino, cerca de la playa. El veredicto se conocerá el próximo lunes 13.
Las pruebas contra Cerfoglio fueron contundentes. El comisario Juan Manuel Ibarra, de la Policía Científica de Necochea, confirmó lo señalado por el fiscal: Magalí fue brutalmente atacada a trompadas y patadas en las calles 50 y 53.
Luego, el acusado la subió inconsciente al baúl de su Honda Fit rojo y se dirigió hacia la zona de la terminal de ómnibus, donde arrojó el vehículo al Río Quequén. El auto quedó volcado sobre el agua, con las ruedas hacia arriba. Eran pasadas las 4 de la madrugada y llovía intensamente. Según la acusación, Cerfoglio tardó 28 minutos en sacar a Magalí del baúl y ahogarla; la causa de muerte fue asfixia por sumersión.
El cuerpo fue encontrado a las 7:16 debajo de un muelle, a unos 15 metros del vehículo. El primer llamado telefónico fue para su padre, Héctor.
Al llegar al lugar, varios invitados de la boda, con ropa empapada por la lluvia, no podían creer lo que veían. Los gritos de Melina, hermana de la víctima, quien fue la primera en comprender que su cuñado la había asesinado (“¡Mamá, mirá las ruedas, están derechas. La mató, mamá!”), conmocionaron a todos.
En ese momento, Cerfoglio discutió con un buzo de Prefectura que intentaba ingresar al agua para buscar su celular y las llaves de su casa, e insultó a un familiar de sus suegros, quienes aún confiaban en él y lo consideraban un “hijo”.
Mientras permanecía arrodillado, embarrado y
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