Trump dice que Venezuela es «un país feliz». Su gente no está de acuerdo

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El presidente Donald Trump y los nuevos líderes de Venezuela han presentado su improbable alianza como un éxito rotundo. La semana pasada, Trump afirmó que Venezuela «se ha convertido en un país feliz» gracias a los ingresos generados por el nuevo comercio con Estados Unidos.

Trump dice que Venezuela es «un país feliz». Su gente no está de acuerdo

Liberada de las sanciones estadounidenses, Delcy Rodríguez, la presidenta venezolana designada por Washington, ha estado recorriendo el mundo y mostrando sus encuentros con líderes globales. No obstante, detrás de esta narrativa de éxito, sus aliados venezolanos enfrentan crecientes dificultades para cumplir con las expectativas contrapuestas de la población, los inversores extranjeros y los funcionarios estadounidenses.

Estas tensiones revelan el desafío fundamental del plan autoritario de Washington, que busca transformar a Venezuela en un protectoradorecurso-rico tras la captura de su anterior líder, Nicolás Maduro, en enero. La supervisión estadounidense ha comenzado a combatir los problemas de corrupción crónica que imperaban bajo el régimen de Maduro, pero aún no ha implicado un cambio palpable para el ciudadano común.

Para la mayoría de los venezolanos, la vida sigue siendo tan difícil como antes del ataque estadounidense. Aunque la inflación anual ha disminuido, continúa siendo la más alta del mundo, con un 524%. Los salarios han incrementado, pero permanecen en niveles de pobreza. Además, el bolívar, la moneda nacional, ha seguido su desplome desde la llegada de Rodríguez al poder. En las casas de cambio informales, donde opera la mayoría de la población, el dólar se cotiza un 25% por encima del tipo de cambio oficial fijado por el gobierno, situación que alimenta la inflación y fomenta la fuga de capitales.

“Que vengan aquí tres meses sin guardaespaldas y luego vayan a un supermercado a ver si la situación ha mejorado”, señaló Álvaro Espinoza, un joyero de 56 años en Los Teques, ciudad dormitorio cercana a Caracas, refiriéndose a los funcionarios estadounidenses. “Todo es una mentira”, agregó.

El lento ritmo de la recuperación económica comienza a afectar la paciencia de los venezolanos con Rodríguez. Su índice de aprobación se ubicó en un 25% en mayo, marcando su tercera caída mensual consecutiva, según una encuesta en línea de la empresa brasileña AtlasIntel para Bloomberg News.

Funcionarios estadounidenses sostienen que los cambios económicos en Venezuela están dando resultados, aunque requieren más tiempo. “Estamos tratando de normalizar la situación”, afirmó el secretario de Estado Marco Rubio en una entrevista con Fox News el mes pasado. “Por primera vez en más de una década, la riqueza del país está beneficiando realmente al pueblo venezolano, pero aún queda mucho por hacer”. Un portavoz del Departamento de Estado declaró por correo electrónico que la cooperación bilateral está propiciando una recuperación económica tras una prolongada recesión bajo el mandato de Maduro, citando como ejemplo la inflación mensual más baja registrada en mayo desde 2024. El Ministerio de Comunicaciones venezolano no respondió a solicitudes de comentarios.

Trump ha reiterado que el objetivo de Estados Unidos es asegurar el suministro del petróleo venezolano para sus intereses. Rubio sostiene que se está aplicando una estrategia más amplia destinada a estabilizar la economía y preparar el terreno para nuevas elecciones. Esto ha implicado que funcionarios estadounidenses profundicen en la compleja y distorsionada economía venezolana, caracterizada durante décadas por favorecer la especulación monetaria sobre la inversión productiva, según fuentes cercanas al gobierno y ejecutivos empresariales y bancarios del país.

Por ahora, el control financiero se ha concentrado en unas pocas empresas venezolanas cuyos dueños poseen cuentas bancarias en Estados Unidos, donde la mayoría de esos dólares permanecen inmovilizados en lugar de invertirse en la economía local, según fuentes vinculadas al flujo de dinero.

Las demostraciones de poder estadounidense han generado creciente disidencia dentro del partido de Rodríguez. Recientemente, aviones militares estadounidenses aterrizaron en la embajada en Caracas y la administración Trump obligó al gobierno venezolano a entregar a un alto confidente de Maduro, quien enfrentará cargos de corrupción en Miami sin el debido proceso. Varios miembros del Partido Socialista de Venezuela calificaron en privado estas acciones de humillantes, y se ha comenzado a debatir la posibilidad de respaldar a un candidato alternativo a Rodríguez ante eventuales elecciones.

El proyecto de Trump para explotar la riqueza natural venezolana ha despertado interés entre inversores, aunque con pocos acuerdos concretos. Si bien se han levantado las sanciones personales contra Rodríguez, las económicas más amplias han sido mantenidas, otorgándose sólo exenciones especiales para empresas interesadas en el país. Esta estrategia ha servido para que la administración controle a Rodríguez y evite reacciones adversas en el Congreso estadounidense, aunque la incertidumbre sobre las sanciones genera cautela en los inversores. Seis meses después de que Rodríguez asumiera, varias grandes corporaciones han firmado acuerdos preliminares, pero ninguna ha invertido capital de manera significativa.

Los esfuerzos para aumentar la producción petrolera presionan también a la deficiente red eléctrica del país, obligando al gobierno a elegir entre destinar recursos escasos para mantener el suministro en yacimientos o en los hogares venezolanos. Los cortes de luz se han agravado este año, incrementando el descontento popular. Expertos atribuyen la situación principalmente a una sequía que reduce la generación hidroeléctrica, aunque la creciente demanda de la industria petrolera también intensifica la presión.

El gobierno ha solicitado a las petroleras generar su propia energía y busca inversión extranjera para reconstruir la red eléctrica, pero las sanciones estadounidenses y la escasez global de equipos, vinculada a la construcción de centros de datos, han ralentizado estas iniciativas.

La frustración social se refleja en las calles, donde se registran alrededor de 20 protestas diarias durante los primeros cinco meses de este año,

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