El calvario de «Patota» Morquio: «No tengo ni para cargar la SUBE y voy a los comedores de la Ciudad: si no, no comemos»

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Sebastián “Patota” Morquio, exfutbolista uruguayo nacionalizado argentino, atraviesa una compleja situación económica y social. A sus 50 años, reside en Buenos Aires con su familia y se siente más argentino que nunca. Su carrera de quince años lo llevó por diversos clubes y países, aunque es mayormente recordado por su paso en Nacional de Montevideo y Huracán, equipos a los que considera sus grandes amores. Se retiró en 2011 jugando para Deportivo Maipú de Mendoza y desde entonces su figura permaneció en el retraimiento, hasta que recientemente decidió pedir ayuda públicamente a través de sus redes sociales.

El calvario de «Patota» Morquio: «No tengo ni para cargar la SUBE y voy a los comedores de la Ciudad: si no, no comemos»
El calvario de «Patota» Morquio: «No tengo ni para cargar la SUBE y voy a los comedores de la Ciudad: si no, no comemos»

Con honestidad y sin rodeos, Morquio manifestó: «Disculpen que los moleste. Realmente estamos muy complicados. Necesitamos que nos ayuden. Dejo mi alias». Más tarde agregó: «Busco trabajo urgente de lo que sea. Y lo que no sé lo aprendo». Reconoce que pedir ayuda no es sencillo para alguien que fue conocido en el mundo del fútbol, pero asegura estar en una situación límite. Consultó a su esposa antes de hacer pública su situación y todo lo hace en consenso con ella.

El exdefensor central, conocido por su estilo rústico y aguerrido dentro de la cancha, admite sentir pudor al hablar de temas familiares y personales, incluyendo haber sido víctima de estafas, injusticias y malas decisiones que lo dejaron sin recursos. “Hace cinco meses que estoy sin trabajo y sin prácticamente ingresos, y tengo que darle de comer a mi familia. Tengo una mujer y tres hijos. No tengo ni para cargar la SUBE”, relata. Un cuarto hijo, de 11 años, vive con su madre en Montevideo.

Morquio cuenta que trabajó como mozo en una pizzería de Liniers, pero fue despedido por ser un reconocido hincha de Huracán. “Me tuvieron quince días a prueba, me sentía bien, tenía buena relación con los clientes, pero los dueños me bajaron el pulgar por ‘mi perfil’, según me dijeron”, explica. Actualmente vive con su esposa Madeline y sus tres hijas pequeñas en un modesto cuarto en la zona de Congreso, sin heladera ni cocina, y con el baño como único espacio privado para hablar.

Aunque la situación es complicada, Morquio mantiene una actitud positiva y esperanzadora: “Hace más de un año que vivimos así, apretados pero muy unidos. Estamos más juntos que nunca y confiamos en que vamos a salir adelante”. Su esposa coincide y subraya que el amor y la fuerza son sus pilares.

El exdefensor prefiere no mirar hacia el pasado y se centra en su presente y futuro inmediato. “Cumplí mi sueño como futbolista, pero ahora lucho por mi familia. Quiero darles un lugar digno”, afirma, orgulloso de su hija de 17 años, abanderada de su escuela. “Me cuesta mostrar la miseria, pero lo hago con la frente en alto”, agrega.

Desde que hizo pública su situación, recibió varias propuestas laborales que está evaluando, algunas relacionadas con la venta de productos o suplementos, y otras para dirigir partidos en torneos barriales. Incluso recibió una oferta vinculada a mudarse a Entre Ríos. Sin embargo, Morquio aclara: “Me gustaría tener un trabajo fijo, con horario y sueldo. Estoy abierto a aprender lo que sea”.

Su último empleo formal fue como técnico en una liga de Luján hasta octubre pasado, donde dirigía la Primera y la Reserva, con la que obtuvieron un campeonato. Sin embargo, trabajaba en negro, con un salario que le bajaron de 1.200.000 a 800.000 pesos, hasta que fue despedido. “El presidente no me podía pagar más”, relata con frustración.

El Gobierno de la Ciudad ya se contactó para conocer su situación y brindarle ayuda con alimentos. “Vamos a los comedores para el almuerzo y la cena. Voy, busco la comida y vuelvo. No queda otra: si no, no comemos”, comenta con una sonrisa resignada.

Morquio asegura que su familia es su pilar y que su fuerza está en ellos. “No puedo permitirme deprimirme. Quiero hacer las cosas bien, no ir por izquierda. No soy chorro, ni ‘punga’ ni narco. Estoy limpio. A pesar de la necesidad, quiero salir adelante porque estas mujeres me necesitan”, afirma con determinación.

En cuanto al ambiente del fútbol, reconoce el apoyo recibido de varios colegas y excompañeros que lo llamaron y colaboraron económicamente tras su llamado de auxilio. Menciona con gratitud a figuras como Miguel Brindisi, Hernán Buján, Gastón Casas, Diego Dabove, entre otros, así como al ex presidente de Huracán, Alejandro Nadur. No obstante, subraya que él no busca dinero, sino trabajo para cubrir las necesidades básicas.

Morquio dispone de dos currículums, uno deportivo y otro con experiencia como mozo, seguridad y conductor de vehículos. “Trabajé como guardaespaldas y chofer de una persona conocida del mundo del póker y la televisión. Fue una buena experiencia, duró un año y se terminó. Estoy disponible para ser chofer, mozo o aprender cualquier otra actividad. Estoy bien de salud”, concluye.

Finalmente, recuerda con cierta picardía el origen de su apodo “Patota”, que le asignó el relator Miguel Simón durante un partido en Mendoza en 2000, tras una jugada en la que demostró su rudeza característica. “Es simpático verlo a la distancia”, concluye con una sonrisa.

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